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Judy es especial incluso para subir en el ascensor. Judy es su nombre completo, pero Kim le llama Jota. Kim dice que lo suyo son los motes, y es cierto, porque no suele llamar a las cosas por su nombre. Judy ya se ha acostumbrado, en realidad no le molesta para nada, pero cuando otro la llama por su nombre le suena raro. No lo había dicho aun y es que son primas de sangre. Kim tiene 12 años y Judy tan solo 1 año más que ella. Pequeña la diferencia de edad entre ellas, y sin embargo, son muy diferentes. Judy va a su rollo, aunque siempre piensa en los demás. Primeramente físicamente no son similares, digamos que no se parecen en nada. Ni tan solo en los gestos ni las expresiones. Son uña y carne, bueno, eran. A Kim no le acaba de gustar esta situación... ¿Dónde quedaron las tardes de los lunes y los miércoles? Creo que se han quedado de la mano de los zumos de soja caducados. Han decidido sentarse en un banco con las nuevas coreografías de navidad. El tutti-frutti parece que lo han puesto cinco manzanas más allá de su calle, porque lo visitan con poca frecuencia. Todo ha cambiado desde que Judy entró al instituto, y no es que Kim esté en contra, ella no es Peter Pan y Campanilla no va a rociar a Judy con polvos mágicos para que sea una niña toda la vida. Pero es que Kim se ve distanciada de su prima, y a fin de cuentas, son más que primas porque antes parecían casi hermanas. Kim se lo ha dicho en un par de ocasiones, pero Kim lo dice con inseguridad y Judy no le da importancia. A veces, Kim ha llegado a pensar que lo que fue no volverá, pero otras no quiere pensarlo. Porque Judy es su otra mitad, y no va a darse por vencida. Lo cierto es que, Kim la echa mucho de menos...