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Irene ha escuchado en televisión que cuando ponemos cara de enfadados, utilizamos 47 músculos de la cara. En cambio para sonreír necesitamos tan sólo 13 músculos. Opina que es más fácil sonreír que enfadarse, al fin de cuentas una sonrisa va más allá que una cara enfurecida. Una sonrisa habla por si sola, porque no hace falta explicarle a los demás cual es el motivo de ella. El porqué de que sonrías está de más, bajo su punto de vista. Porque cuando te enfadas, si que te encuentras no con la obligación pero si con el deber de explicar el porqué de tu mueca seria. Cuando sonreímos mostramos una faceta diferente de nuestra persona. Hay muchas maneras de sonreír, y muchas sonrisas totalmente distintas. Están las sonrisas malignas, las que esconden un plan malvado. También sonreímos con frialdad, sin sentirlo, y francamente esas no le gustan nada. Hay sonrisas amistosas, que lo dicen todo y van llenas de buen rollo. Hay sonrisas que se esconden, otras con picardía y algunas con sensualidad. Estan las sonrisas que acaban en una carcajada, en la cual empleamos el movimiento de 400 músculos a la vez. Personalmente las sonrisas que más le gustan son las que no llevan un porqué, ni una razón, ni un motivo lógico. Que salen porque sí, porque se sienten. Cuando te emocionas y sonries, como si los sentimientos necesitaran salir al exterior y expresarse. Es entonces cuando estan de más muchas cosas. Sonries por placer, y lo cierto es que cuando sonries con total naturalidad, te sientes mucho mejor. No sé, a ella le sube el autoestima y la anima.



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