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Hace como tropecientos años cuando andábamos con zapatos propulsores en los pies y viajábamos en aeronaves y supercohetes... (Espera, alto ahí, me estoy contradiciendo... Deja que acabe con mi genial historia) los dinosaurios vinieron a contra atacarnos, y fue terriblemente genial. Porque se hundieron en arenas movedizas y entonces el monstruo de tres cabezas y un ojo pudo salvar a Christine, la hija del rei Jorge. ¿Sabéis porqué murió el monstruo (aunque tenía su encanto)? Pues porque se ahogó en el mar. Y no porque unos soldados galácticos lo arrojaran a un acantilado porque hubiera traicionado a los extraterrestres. No no, no es nada de eso. Se ahogó él solito, y nadie lo vio pero lo encontraron en la orilla. Quiso morir porque no era amado, porque el amaba sin ser correspondido y eso, eso esta muy feo. Yo creo que si el monstruo hubiera pedido visita en la clínica con la psicóloga, se hubiera dado cuenta de que otra hubiera podido amarle mucho más. Pero nadie llegó a tiempo. Estaba perdidamente enamorado de la princesa, Christine. Estaba loco de atar, era capaz de hacer cualquier cosa por ella (nunca mejor dicho). Amaba su dulce rostro, sus delicadas manos, sus labios definidos, la amaba a ella. Pero sobretodo, amaba desde el más profundo interior, desde el corazón. Y murió en el mar porque él lo decidió, quiso morir y dormir para siempre jamás en el azul del mar... Azul, como la mirada de la princesa.



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