22

Entré sin llamar y me fui sin despedirme, y he de reconocer que te he echado de menos hasta ahora. No, no creo que espere, no esperaré a que se me pase la estúpida idea de quererte. Me alejaré, me iré no sé a donde, a cualquier lugar, dónde crea que sea mi lugar. No sé que decirte, no sé, no, no sé que pasó, pero no quiero saberlo. Has sido lo primero más raro de mi vida, aunque no quiera saber que así ha sido. Pero así fue, sin quererlo, me desvié y acabé en el camino inconveniente. Y no es por echarle las culpas a alguien, pero es tu culpa. Por tu sonrisa, tu pelo, y tus ojos rebosantes de felicidad. Hubiese sido capaz de hacértelo todo más fácil, aun así tu escogiste el camino más fácil, a no ser, que yo te mostrara el sendero más sencillo de trazar. Aunque pensaras que entrar en mi vida complicaría la tuya. Y aun así, sin quererlo, sin ganas, (aunque seguía teniendo unas pocas de ti, hasta hace unos minutos) seguía pensando que podría haber salido bien. Lo pensé con los ojos vendados, si te sirve de algo. Ciega. Ciega de nostalgia quizás, puestos a que ahora toda yo soy una substancia lacrimal. Pero no te preocupes, mañana se me pasa la tontería. Así funciona todo, y aunque la vida y yo jamás fuimos compatibles, probablemente algún día hagamos las paces, quien sabe. De momento me iré de aquí, ya que no es mi sitio. Después ya veremos, porque no sé que haré. Pero este es un buen comienzo, deshaciéndome de inútiles palabras. Pero no de tu recuerdo.
Publicar un comentario