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" Lloran las núbes... " Decía cuando era pequeña. Cuando llovía, siempre decía que las nubes estaban tristes. También escuchaba que muchos niños decían que llovía porque las nubes hacían pipí, pero nunca encontró que fuera un razonamiento lógico. Por eso detesta los días de tormenta, sobretodo las noches. Esas noches en las que se encuentra sola con su más tímido interior. No soporta escuchar las gotas de agua cuando caen con fuerza contra los cristales de las ventanas de su habitación. Ahora que es mayor, no sigue pensando igual. No cree que lloren las núbes. Pero no es capaz de aguantar el ruido de la lluvia. El olor a húmedad, y aun menos los truenos y relámpagos. Nunca escucharás salir de su boca " Parece que va a llover ". Jamás. Porque no quiere que llueva. Cuando llueve se aferra a la soledad, abandona su cuerpo totalmente. Su alma y subconsciente salen juntas de paseo. Cuando cobra vida de nuevo y vuelbe a sus propias carnes, llora. Y no esa nube gris y difusa que posa sobre su bloque de pisos. Rompe a llorar desconsolada. Nunca sabe cuando le sucederá. Y aunque a ella no le guste hablar de ello, yo sé porqué ocurre. Es que cuando llueve, se encuentra con su interior frente a frente. En un duelo de reflexiones y razonamientos, de oportunidades y decisiones. Cuando llueve descubre su cara más oculta, todo lo que esconde en un preciso instante. Llegan a ella las páginas grises de su diario.

Y no es que no le vayan bién los días de lluvia, es que no le gustan.